Desde hace un tiempo a esta parte, me siento más joven, más ágil.
Algunas muchachas me observan con algún grado de interés indefinible, pero me cuesta creer que con mis años de recorrido, vaya a convertirme ahora en un galán de moda, a lo más, en un viejo verde.
Un día en el Metro, una jovencita me miraba fijamente, la observé y ví que era bonita, muy joven, con enormes ojos verdes. El asiento frente a ella estaba desocupado, así que decidí sentarme allí.
La joven me miró directamente a los ojos y me dijo:
- Hola, Don Pedro, ¿no se acuerda de mí?
Mis rejuvenecidas neuronas intentaron relacionar esa cara y esa voz, con alguien que hubiese conocido anteriormente, pero todo fue en vano. Lo más cercano que encontré en esta acelerada búsqueda, fue una noviecilla que tuve a los dieciseis años, que tenía unos ojos parecidos, pero esa chiquilla de antaño debería tener ahora varios nietos.
Ante mi cara de duda, esta linda mujer me dio algunas pistas para que la recordara:
- La noche de Año Nuevo la pasamos juntos...
Sentí que los vecinos de asiento me miraban con un asomo de sonrisa y yo continuaba con la mente en blanco. De repente, ella se paró, me dió un beso de despedida y al bajarse del tren, me dijo sonriendo:
- Cuando se acuerde quién soy, llámeme por teléfono. Adiós...
Quedé terriblemente confundido. Sentí que un ataque de amnesia galopante me había invadido
¡No tenía idea quién podría ser esta chiquilla tan linda !
El resto del trayecto fue una pesadilla, sentía una tormenta eléctrica cerebral, los recuerdos parecían salidos de una batidora.
Al bajarme del tren, en un estado de shock, decidí comprar cigarrillos.
- ¿Me da una cajetilla de Cabañas Especiales...?
- Señor, esos cigarrillos no se fabrican hace más de 25 años...
- Perdón, entonces deme un Flag...
El señor del kiosko me miró horrorizado moviendo la cabeza como diciendo este viejo está loco.
En mi juventud, durante muchos años fumé unos cigarrillos ovalados de tabaco negro y boquilla de corcho, llamados Cabañas Especiales.
Los Flag y los Capstan eran los únicos de tabaco rubio importado, sin considerar nuestra estrella nacional, los Liberty.
Llegué a mi oficina intentando saber que hice esa noche de Año Nuevo y solamente recordaba que asistí a una fiesta en casa de mi hija casada.
¿Me habré ido de juerga bajo la influencia de la champaña?
En mi cómodo sillón ejecutivo eché a volar la mente hurgando entre mis recuerdos, para resolver este puzzle.
Un llamado de Don Carlos me hizo volver a la realidad, quería que evaluara un nuevo software que habíamos recibido recientemente. Rápidamente instalé en mi equipo, Above Disk, un software que convierte la memoria extendida en expandida.
En algunos casos cuando se tienen planillas gigantescas que hacen uso de algunas funciones de base de datos, se puede
llegar a un estado de memory full. Ciertas funciones hacen uso de la memoria normal, independientemente de la memoria expandida disponible.
Es el típico caso de estos jóvenes ejecutivos que todo lo saben e intentan poner en una planilla gigante: peras, manzanas y zapallos, en vez de crear varias planillas enlazadas, que sería la solución adecuada e inteligente.
Estaba totalmente inmerso en este tema, cuando sonó ese aparatito impertinente, que tiene el derecho de sacarnos de los asuntos más importantes para atender una llamada insulsa.
Era mi hija mayor que me llamada excitadísima:
- Papá, me encontré con tu admiradora secreta, esa que te besó en el Metro.
Me puse rojo de vergüenza, ya que los chismes se trasmiten a la velocidad de la luz y no quería que mi hija tan querida, me considerara un viejo frívolo, aunque ésto de tener fans a mis años, me parecía divertido.
- Así es, hija mía, todavía quedan por ahí fanáticas de Don Pedro...
- ¿Papá, no la reconociste?
- ¿De quién me hablas...?
- De Carolina, mi compañera de colegio. Estuvo la noche de Año Nuevo en la fiesta que hice en mi casa...
¡Horror de horrores...! ¡Qué profunda depresión me vino de repente, me sentí un anciano de 100 años!

Diciembre 1991